de la casa de “la kirika” a “casa resekas”

Entrada Hostal Casa Resekas

Cómicos, actores, artistas de vodevil, espectadores de la farsa o la tragédia, público paseante de la escena que es Almagro, han desfilado, recorrido galerías y pernocatado en sus disintas habitaciones.

Esta era la Casa de “La Kirika”: hostal y pensión donde descansar los cuerpos cansados del viaje, de la representación, de la fiesta o del sosegado vagabundeo por las calles y plazas de esta nuestra ciudad que es Almagro.

Hoy apartamentos con sabor añejo y olor a antiguo pero de diseño y confort moderno, la “Casa Resekas”.

Rehabitiliación, restauración, reposición, recuperación y reutilización han sido las claves para el fin último y objetivo principal de la intervención en esta su casa: conservar, preservar y enriquecer el patrimonio histórico-artístico de Almagro.

Edificio que desde sus cimientos construidos con piedra caliza picada de la propia cueva, sus tapiales apasionados y encogrados por manos sabias, machones y verdugadas de ladrillo cocidos en hornos de antaño, tejados de tema curva árabe y madera restaurada en algún caso y respuesta en otros, dan el gusto por savoir faire.

Recuperación de elementos de siempre ocultos bajo falsos techos de escayola o cañizo vuelven a cumplir con su función que no es otra que se vistos, bodevillas que con un nuevo look dan una nueva perspectiva de ellas y una revalorización de lo que fueron.

Empendrados que nos hablan de supersticiones y talismanes, aspas y flores que escondidas salen del suelo en la galería del patio, iluminadas con suave y blanca luz para ser comptempladas y acompañar nuestro sereno descanso en los distintos apartamentos que abren sus puertas y ventanas en las blancas paredes resplandecientes.

Mezcla de los cinco sentidos. Olor a madera vieja y tratado, olor a viejo, olor a limpio. Gusto por lo blanco, gusto por la pureza de líneas, gusto por la sencilllez. Vista deslumbrante en paredes blancas, vista deleitada por la conjunción de contrastes de madera, ladrillo, piedra y cal plastificada. Oído del silencio roto por el discurrir del agua del pozo, oído del tiempo recuperado en el inmueble. Tacto rugoso y suave de paredes, barandillas y pies derechos tacto del recuerdo de lo que fue a lo que es hoy.

Isidro Gregorio Hidlgo Herrenos

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